El bello edificio calichero que ardió en llamas en Tocopilla

  • Inmueble que dataría de 1895 se incendió la tarde del 10 de agosto de 1990, ante la impotencia de los vecinos y vecinas del puerto.

Hasta el inicio de la década de los ’90, en plena costanera del puerto de Tocopilla, entre las avenidas Arturo Prat y Diego Barros Arana, se encontraba un antiguo y elegante inmueble de tres plantas conocida por los residentes como «La aduana».

Construido en 1915, este inmueble si bien tenía más de 70 años para inicios de 1990, aún lucía la majestuosidad de aquella pompa que los magnates del salitre hacían durante los tiempos de la gran bonanza del oro blanco, a inicios del siglo XX.

El edificio era de pino oregon, con finas terminaciones en los marcos de sus puertas y ventanas. Toda la estructura estaba coronada con un mirador sobre la azotea, de aquellos que permitían un panorama de cómo se encontraba el tráfico naviero en el puerto.

HISTORIA

La página Tocopilla y su Historia, del investigador Damir Galaz-Mandakovic Fernández, explica sobre esta mansión que «fue un edificio construido en 1915 (aunque fuentes datan el año 1895) por orden del magnate salitrero de origen croata Pascual Baburizza. Fue usada como residencia y como lugar de gestión de transacciones salitreras, contaba con una amplia vista que permitía contemplar en su integridad la bahía de Algodonales».

La página también agrega que «con la desaparición del empresario croata, el inmueble fue adquirido por la Compañía Salitrera Anglo Chilena, consorcio que lo utilizó como bodega y al uso de algunas oficinas. El fisco, mediante un comodato, adquirió este edificio y lo destinó al funcionamiento de Aduana en el transcurso de la década del 1940. La Aduana funcionó varios años hasta que, con la construcción del edificio de los Servicios Públicos inaugurados en 1977, se dejó de ocupar el local, el cual permaneció desocupado por algunos años».

INCENDIO

Esta clásica edificación salitrera terminó por desaparecer completamente la tarde del viernes 10 de agosto de 1990. Según publicó La Prensa de Tocopilla en su edición del día siguiente, «el siniestro comenzó a eso de las 17:05 horas, dándose la alarma de incendio 5 minutos más tarde. Al llegar bomberos, que lo hizo en cuestión de minutos, ya las llamas habían aparecido hacia las calles Prat y Aníbal Pinto (…) Bomberos violentó las puertas hacia calle Prat, y una vez que introdujeron las mangueras en el primer piso, las llamas escalaron rápidamente al segundo».

El relato prosigue con que «en fracción de minutos, y pese a todo el esfuerzo desplegado por controlar la extensión de las llamas, el antiguo inmueble se transformó en una gran fogata y se desplomó con gran estruendo. El histórico inmueble cuya construcción es de 1895 aproximadamente, había quedado totalmente consumido por las llamas, ante la consternación de miles de tocopillanos».

Y así, esa tarde de agosto, las cenizas del fino pino oregón volaron hasta perderse. Lo que se derrumbó no fue solo el bello edificio, sino uno de los últimos espejismos de ese capitalismo salitrero, el mismo que extrajo millones de toneladas desde la pampa a punta de sangre obrera para levantar palacios de madera importada. Aquello terminó como siempre terminan las promesas en nuestro norte: devoradas por el abandono.

Tocopilla vio desmoronarse, consumido por el fuego, el símbolo de la opulencia ajena, recordándonos que a fin de cuentas, a las zonas de sacrificio el Estado y los capitales extranjeros solo les heredan las ruinas o, como esa tarde, el humo y las cenizas que volaron y se perdieron entre las calles, los cerros y el mar.

Inmueble la tarde del incendio en agosto de 1990.

Página de la Prensa de Tocopilla, informando el hecho en su edición del 11 de agosto de 1990.

Así quedó el lugar ocupado por la aduana. Al día de hoy, no hay ningún tipo de construcción en este espacio, y continúan manteniéndose la escalera de concreto que conectaba con el viejo edificio.

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