A 70 años de la desaparición de Julio Riquelme en la pampa

  • En 1956, un chillanejo tomó un tren con destino a Iquique, pero desapareció misteriosamente durante el viaje. Su restos fueron hallados 43 años después en medio de la pampa.

En febrero de 1956, Julio Riquelme Ramírez, ciudadano chileno de 58 años, clase media y funcionario del Banco del Estado, inició un largo periplo desde su casa en Chillán para llegar a Iquique.

El motivo del viaje era el bautizo de una de sus nietas en la ciudad septentrional, motivo por el cual Riquelme abordó una nave desde su comuna, luego hizo transbordo en La Calera el 2 de febrero, y desde este punto se subió en el extinto tren longitudinal norte (conocido como “El Longino”), el cual lo llevaría a su destino.
Cuando la máquina llegó hasta la estación de Iquique, de Riquelme solo había quedado un canasto con algunos alimentos a medio consumir, pero del funcionario del Banco del Estado nada.

Tampoco regresó a Chillán. Es así como, hace 70 años, se produjo una de las desapariciones más enigmáticas, la cual vería recién su desenlace más de 40 años después. Su historia dio lugar a la publicación de un libro, y a una gran incógnita que continúa hasta hoy.

Documento de identidad hallado en los restos de Riquelme.

EL EMPAMPADO
Según informó la prensa de Iquique en la época en que desapareció Julio Riquelme, la última vez que se le vio dentro del vagón de pasajeros del Longino fue en el entonces llamado “Pueblo Hundido” (actual Diego de Almagro) en la región de Atacama. La denuncia por presunta desgracia la puso en Iquique Celinda Chávez, su exmujer con quien llevaba 20 años separado.

Fuera del cesto con el cocaví, nada había del funcionario del Banco. Las teorías fueron varias. Que había sido visto en Bolivia, que enloqueció y bajó del tren en algún punto del desierto, que se fue con una mujer al extranjero… Pero su caso rápidamente pasó al olvido.

Según un reportaje de Paulina Beltrán en la Revista del Domingo, publicada en septiembre de 1999, la única trascendencia mediática que tuvo el caso fue una publicación en el diario iquiqueño “El Tarapacá” el 12 de febrero de 1956, que daba a conocer la noticia bajo el título “Un pasajero desapareció de forma misteriosa desde el tren longitudinal”.

Vías abandonadas del tren Longino, en la pampa (foto de Cristian Venegas).

UN SOBRE
En febrero de 1999, un esqueleto completamente blanquecino, con su gabardina, su calzado y una billetera con sus pertenencias fue hallado a unos 17 kilómetros al oriente de la extinta estación Los Vientos (uno de los puntos de parada del Longino), esto, a unos 100 kilómetros al sur de Antofagasta.

Nadie sabe quién encontró los restos, puesto que sus descubridores tomaron sus pertenencias y las pusieron dentro de un sobre sellado junto a una carta que dejaron en el entonces aeropuerto Cerro Moreno, indicando las coordenadas exactas en donde se encontraban los huesos.

Según publicó la Estrella del Norte en su edición del 5 de febrero de 1999, “la situación (del hallazgo) quedó al descubierto a través de una misiva dejada probablemente por extranjeros en el aeropuerto Cerro Moreno, dirigida al Arzobispado de Antofagasta, que contenía las coordenadas y un croquis que precisaba la ubicación del cuerpo, el cual en un comienzo fue atribuido a un detenido desaparecido de la época de la dictadura. De inmediato se realizó la denuncia en el Tercer Juzgado del Crimen, el cual encomendó a la Policía de Investigaciones que realizara la comprobación correspondiente (…). La tecnología satelital arrojó que el lugar está ubicado a algunos kilómetros de la estación ferroviaria Los Vientos, a cien kilómetros al sur de Antofagasta. Una vez en el lugar, los detectives descubrieron las osamentas a ras de suelo”.

El cuerpo fue enterrado solemnemente en el cementerio de N°3 de Iquique, y su historia dio paso a la publicación del libro “El empampado Riquelme” del periodista Francisco Mouat.