El mandatario regaló esta figura al obispo de la ciudad cuando visitó por primera vez el norte de Chile en marzo de 1889, intentando buscar el apoyo del clero nacional.
En la Catedral San José de Antofagasta, en una sala donde se guardan aquellos elementos significativos para la fe y la historia (no expuesto a la vista del feligrés o el visitante), se halla un elegante crucifijo de roble de medio metro con un Cristo de porcelana clavado con clavos de oro.
En la base del crucifijo, una placa de plata con un grabado casi borrado por el siglo describe que esta figura -originalmente perteneciente a la capilla de La Moneda (Santiago)- fue regalada por el presidente don José Manuel Balmaceda a Luis Silva Lezaeta, en ese entonces obispo de Antofagasta.
En efecto, esta pieza fue entregada por el mandatario al entonces obispo cuando Balmaceda visitó Antofagasta los días 15 y 16 de marzo de 1889. Este encuentro con Silva Lezaeta tenía un trasfondo. Balmaceda veía cómo se le venían los nubarrones de sedición por parte del Congreso. Y pese a que su relación con la Iglesia era tirante, intentó -al menos- apaciguar al clero con este tipo de guiños, y así obtener su apoyo.
No obstante a estos esfuerzos, casi dos años después de entregar este crucifijo al obispo de Antofagasta, se desencadenó la Guerra Civil de 1891 que terminaría por derrocar a su gobierno, y al verse ya acorralado por los congresistas, optó por refugiarse en la legación argentina (Santiago), vestir de gala junto a su banda presidencial, acostarse en un camastro, empuñar un revólver y descerrajarse un tiro en la sien que esparció sus sesos en la pared y le voló el ojo izquierdo. Era la madrugada del 19 de septiembre de 1891.

RELACIÓN CON ANTOFAGASTA
José Manuel Balmaceda fue el primer presidente chileno en visitar la ciudad (y el norte de Chile) tras la Guerra del Pacífico. Esto, para marcar presencia y mostrar interés en los territorios recientemente anexados de Perú y Bolivia.
Este presidente fue también quien incorporó oficialmente a la nación los recién conquistados territorios del norte. Si bien Antofagasta pasó a ser chilena de facto tras el desembarco de las tropas el 14 de febrero de 1879, con Balmaceda llegaría la “chilenización”.
Al respecto, el historiador y académico de la Universidad Católica del Norte (UCN), José Antonio González, explicó en una nota publicada por la misma casa de estudios cuál fue una de las misiones del mandatario, y su relación con el debutante territorio nacional.
“Balmaceda crea en 1888 la provincia de Antofagasta, y esto fue importante porque, sin ser provincia no se podía elegir senador y -por ende-, no estaría representado el territorio en el Congreso. Un segundo aspecto dice relación con el reconocimiento que hace en su famoso viaje de marzo de 1889 al norte, porque va a visitar Tarapacá, fundamentalmente Iquique, y después a Antofagasta para reafirmar la soberanía sobre los territorios integrados recientemente al país. Va a promover la intervención del Estado en las obras públicas, precisamente a él lo van a invitar a poner el primer clavo para la construcción del nuevo muelle de la compañía de salitres”, explicó González.
En lo tendiente a obras civiles, el académico agrega que Balmaceda “ordena la construcción de dos nuevas escuelas de educación fiscal, y también va a señalar una idea importante, que es que el territorio estuviese unido a través del ferrocarril, desde el norte hasta el sur -esto se vino a establecer en 1919, cuando se establece el ferrocarril longitudinal norte, el famoso ‘longino’. Otro aspecto es que Balmaceda va a apoyar todo este proceso de chilenización en la precordillera, tanto en Tarapacá como en Antofagasta”.
Actualmente, una de las avenidas principales de Antofagasta lleva su nombre. Pese a su trágico fin, el legado de Balmaceda aún persevera en la memoria de los antofagastinos.
