Jorge Hicks: el inglés que hizo estallar el polvorín de la Guerra del Pacífico

  • A 147 años de la anexión de Antofagasta, recordamos el papel que ejecutó el administrador de la compañía de salitres, y la consecuencia de su negativa a pagar el arbitrario nuevo impuesto al quintal de salitre.

George Hicks (conocido como Jorge Hicks) fue un ciudadano británico quien fue el primer administrador de la empresa Ferrocarriles de Antofagasta. Pese a que su nombre no figura mucho en la historia local, fue el que tomó una decisión que resultó fundamental para el devenir de la ciudad. 

Nacido en el condado de Cornwall, Inglaterra, llegó a Chile como aventurero buscando riquezas en Tarapacá. Arriba a Antofagasta en 1868 participando como contador de la compañía de salitres y ferrocarriles. 

Según publicó La Estrella de Antofagasta, la labor de Hicks no solo se limitó a lo gerencial. Mandó a elaborar las demarcaciones de las calles de lo que sería la futura Antofagasta (entonces, puerto La Chimba), además envió pertrechos y provisiones a Mejillones y Tocopilla cuando ambos puertos fueron arrasados por un terremoto y maremoto en mayo de 1877. 

“En Antofagasta, la empresa de Salitres y Ferrocarriles representadas por el súbdito inglés Jorge Hicks fue la primera en reaccionar frente a la tragedia, aportando la suma de 2 mil pesos fuertes en dinero, y abonó 1.300 pesos que significó el primer auxilio enviado a Mejillones”, explicó Isaac Arce en Narraciones Históricas de Antofagasta. Además organizó la primera puesta de alumbrado público en Antofagasta, sin mencionar que también él fue quien mandó a dibujar la actual ancla en el cerro a modo de guía para los navíos, y fue parte de los fundadores del primer cuerpo de bomberos de la ciudad. 

Pero fue una decisión administrativa tomada por Hicks la causante del mayor conflicto armado que hasta ahora se ha registrado en Chile y Latinoamérica, y que causó la anexión de Antofagasta un día como hoy, hace ya 147 años. 

10 CENTAVOS

Un breve interludio. Al definir sus fronteras Chile y Bolivia tras un tratado en 1874, también se estableció que los tributos a la exportación de minerales y contribuciones de personas y empresas chilenas en el lado boliviano, quedarían exentas de alza de impuestos por 25 años. En este lado boliviano estaba Antofagasta, donde operaba la compañía de ferrocarriles y salitres que administraba Hicks. 

Tras el terremoto de 1877, el gobierno de Bolivia, bajo la férula del presidente Hilarión Daza, decidió subir el impuesto a 10 centavos por quintal de salitre en 1878, pasando por alto lo establecido en el acuerdo de 1874. 

NEGATIVA DE HICKS

Cuando las autoridades bolivianas cobraron el nuevo impuesto a la compañía de salitres y ferrocarriles de Antofagasta, Hicks se negó a rajatabla. 

El historiador militar y escritor Rafael Mellafe Maturana, cuenta respecto a este inglés que “Hicks tuvo duros enfrentamientos con el prefecto boliviano Severino Zapata y en más de una ocasión este último lo mando a arrestar. En una de esas ocasiones, Hicks pidió refugio en la casa del cónsul chileno en Antofagasta, Salvador Reyes, lo que provocó la ira del funcionario boliviano”. Mellafe también agrega que “en otra oportunidad, cuando la siempre inestable situación de Antofagasta estaba a punto de estallar, envió un telegrama al cónsul británico en Valparaíso, Mr. James de Vismes, solicitándole el envío de un navío de guerra de Su Majestad (HMS) al puerto de Antofagasta para ‘mostrar el pabellón’ o como también se conoce ‘la diplomacia del cañoneo’”. Cabe precisar que la “diplomacia del cañoneo” era una forma de amedrentamiento diplomático usualmente practicada en el siglo XIX. 

ANEXIÓN 

El tira y afloja entre la administración de la compañía y las autoridades bolivianas llegaron a un punto álgido en febrero de 1879, cuando el gobierno de Hilarión Daza dispuso del remate de la compañía que administraba Hicks ante su negativa a pagar el impuesto de los 10 centavos. “La negativa de Hicks dio paso a que Zapata lo arrestara el 11 de enero de 1879 y llevado a un calabozo de la prefectura (…) El cónsul chileno en aquel puerto solicitó la libertad bajo fianza de Jorge Hicks, la que fue concedida al día siguiente”, cuenta Mellafe. 

Todo lo anterior llevó al intento de remate de la compañía de salitres la mañana del 14 de febrero de 1879, pero el hecho no se ejecutó por el desembarco de las tropas chilenas. Así, se dio inicio a la Guerra del Pacífico.

La ironía es cruel: el mismo hombre que trajo la luz eléctrica a Antofagasta, fue uno de los que terminó apagando la paz para Chile, Bolivia y Perú. Hicks, aparte de gestionar el dibujo del ancla en el cerro, trazó también el destino trágico de miles de hombres que murieron en el desierto defendiendo -según ellos- su bandera… Al final, para el capital extranjero, la guerra fue solo un trámite para asegurar la inversión en las regiones mineras, demostrando que, en los balances de la compañía, la vida de miles de pampinos valía menos que esos 10 centavos.  

Este pequeño pasaje en la población Gran Vía de Antofagasta lleva el nombre de este ciudadano inglés.