A 149 años del terremoto que sacudió todo el actual norte de Chile

  • En mayo de 1877, un terremoto y tsunami destruyó las ciudades del norte, y de paso inició el declive de la localidad de Cobija.

Fue la noche del miércoles 9 de mayo de 1877, hace ya 149 años, en que un terremoto vino no solo a devastar las ciudades del norte (y terminar con la existencia de una localidad en la región de Antofagasta) sino que también a cambiar el futuro del país.

Esto, porque aquella aciaga noche se produjo el “Terremoto y maremoto de Iquique”, el cual si bien tuvo su epicentro a 69 kilómetros de esa ciudad, sus efectos fueron catastróficos para las comunas de Tocopilla, Mejillones, Antofagasta y la entonces Cobija, esta última, departamento del litoral (una especie de capital regional) del entonces gobierno boliviano en la región.

Los efectos de este sismo -que se produjo a profundidad de 40 km, y tuvo una magnitud de 8,5º en la escala de Richter- no solo trajo destrucción y la perdida de vidas humanas, sino que también fue usado políticamente por el gobierno boliviano para incumplir el tratado de límites firmado en agosto de 1874, elevando los impuestos a los empresarios que operaban en Antofagasta, lo que a la larga decantó en la conflagración de 1879.

De este terremoto hubo bastantes detalles escritos por cronistas e historiadores de la época, entre estos el investigador Isaac Arce Ramírez, quien para entonces tenía 14 años.

TRAGEDIA
En sus Narraciones Históricas de Antofagasta, Isaac Arce reseña que “eran las 8 y 30 minutos de la noche del 9 de mayo de 1877, cuando la población toda de este puerto se sintió sobresaltada por una persistente oscilación terrestre, la que se convirtió poco después en un fortísimo temblor que, rápidamente, fue aumentando en intensidad hasta adquirir la magnitud de un terremoto”.

Por lo anterior, el historiador agrega que “los edificios (en Antofagasta), en ese entonces construidos casi todos de material ligero, crujían con gran ruido y parecían agitarse como débiles maderos, pues la tierra oscilaba fuertemente, dificultando el andar y aun el mantener en pie».

El terremoto también generó en Antofagasta tres focos de incendio debido al volcamiento de lámparas de parafina, lo cual fue controlado por el cuerpo de Bomberos de esa época, quienes para 1877 llevaban apenas dos años de existencia.

“Entre el anuncio que el mar salía, y que fue dado cuando este empezó a recogerse, transcurrió una media hora. Entonces fue cuando se sintió un ruido formidable, producido por el mar embravecido que, impetuoso, se precipitó sobre la población. Por suerte, en esos momentos casi todos los pobladores estaban ya en los cerros”, explica Arce. En Antofagasta no se registraron víctimas fatales.

CONSENCUENCIAS
En Antofagasta “el mar, en su salida, había llegado hasta el centro de plaza Colón, sitio donde quedaron varadas algunas embarcaciones. En la misma plaza y calles adyacentes se veían diseminados numerosos bultos de mercaderías, fardos de pasto, sacos de cebada, etc. Una lancha cargada con mercaderías quedó tumbada en calle Sucre; otras lanchas y botes quedaron destrozados y varados a lo largo de la playa. El edificio de la aduana (hoy, Museo Regional) fue arrancado y quedó atravesado en medio de la calle Bolívar”, escribió Arce.

COBIJA

En la región, Cobija (ubicada a 128 km al norte de Antofagasta) sacó la peor parte debido a que el maremoto arrasó casi toda la localidad. Si bien no hay cifras exactas, se calcula que el terremoto y maremoto se cobró la vida de alrededor de 40 de sus habitantes. Los primeros en reaccionar ante la tragedia fue Chile y Perú.

El primero envió a la nave Abtao con pertrechos y víveres para las víctimas de Cobija y Tocopilla. Por su parte, el administrador de la compañía de Ferrocarriles de Antofagasta, Jorge Hicks, donó 1.300 pesos de la época en auxilio para los vecinos de Mejillones.

Paradójicamente, tras el terremoto, el gobierno de Bolivia (al mando del general Hilarión Daza) subió arbitrariamente los impuestos al salitre explotado por capitales extranjeros en Antofagasta, aludiendo que con ello se pretendía reconstruir Cobija. La negativa del pago a esta alza decantaría posteriormente en la Guerra del Pacífico en 1879. Sin embargo, el tema tributario fue apenas un pretexto, ya que, en el fondo, el conflicto bélico fue para proteger la expansión e intereses de los grandes mineros privados chilenos y británicos. En síntesis, la guerra se libró como un mecanismo del capitalismo de las últimas décadas del siglo XIX para asegurar el control y explotación privada de la riqueza salitrera a manos de extranjeros. Una vez más, el Norte expoliando al Sur…