- La estructura habría cedido por fuertes vientos y pampinos buscan reponerla.
A 180 kilómetros al noreste de la comuna de Antofagasta, antiguos cimientos de concreto, derruidas paredes de viviendas obreras y cadavéricos troncos secos señalan que el lugar fue un poblado en tiempos remotos.
En efecto, en la zona se hallan las ruinas de la exoficina José Francisco Vergara, cuyo único elemento distintivo que indica al visitante que se encuentra en esta salitrera, es un espigado arco de entrada que señala el nombre de la oficina en cuestión, y su año de fundación.
“1918 – José Francisco Vergara – 2018” es lo que se podía leer en los casi 20 metros de prolongación que tienen las letras a lo largo del cartel, el cual se eleva sostenido entre dos torres de fierro de unos 15 metros de altura.
Según publicó el diario La Estrella de Antofagasta, no se sabe con exactitud el día, ni menos el momento en que el arco se fue a pique, pero fue este fin de semana en que las agrupaciones pampinas que cada tanto tiempo visitan el lugar (ya sean nacidos en la exoficina, o que vivieron allí), registraron el hecho.
A simple vista, las torres podían ser levantadas, pero las estructuras son pesadas, por lo que la voluntad y laboriosidad de los pampinos o vergarinos no sería suficiente. Además, el cartel en sí se partió en una de sus esquinas, lo que vaticina que las uniones deben ser soldadas o remplazadas.

GESTIONES
Al respecto, el presidente de la Corporación Cultural exOficina José Francisco Vergara, Eduardo Araya Jeraldo (nacido en la exoficina Algorta, y llegado a los seis años a residir con su familia a Vergara) explica que “la semana pasada hubo lluvias en Vergara y Coya Sur, y posteriormente se generó un temporal de fuertes vientos, lo cual afectó este letrero de ingreso, haciéndolo caer”.
Araya agrega que “hemos sostenido algunas conversaciones previas con representantes de empresas locales que se dedican al rubro de la minería para abordar este tema, porque para reparar el cartel se necesita equipo pesado, ya sea un camión pluma para levantar las torres, además de reparar el mismo cartel, ya que con la caída se quebró en varias de sus partes”.
Finalmente, el pampino dijo que “los fuertes vientos también han dañado otras estructuras que tenemos en el lugar, como una sombrilla para los visitantes. Nuestro anhelo es poder reparar y levantar nuevamente el pórtico de acero antes del 6 de junio, día en que se celebra el día del pampino a nivel nacional, por lo que Vergara es muy concurrido por quienes nacieron y trabajaron en este lugar”.
MUNICIPALIDAD
Sobre esta situación, el concejal de la municipalidad de María Elena, Luis Castro Campos, expresó que “es lamentable que se haya caído este arco que tantos años ha estado en el lugar debido a las condiciones de la pampa, donde se generan muchos remolinos”.
Por lo anterior, el edil aseguró que “en la próxima reunión del concejo que tendremos, solicitaré el apoyo para poder levantarlo lo más pronto posible, ojalá antes del 6 de junio”. En esa línea, el realizador de videos de la pampa, Christian Venegas agregó que “esta centenaria salitrera ha sido una preocupación constante de sus exhabitantes que llegan al lugar hermosear lo que va quedando de sus ruinas, en un esfuerzo de que su memoria permanezca y no se pierda”.
HISTORIA
La oficina salitrera José Francisco Vergara inició sus funciones de extracción del nitrato en 1918, mismo año en que finalizaba la I Guerra Mundial. La página del Consejo de Monumentos Nacionales explica que “esta oficina contaba con un epicentro cívico, social y recreativo: la plaza. Aquella tenía forma rectangular y destacaba por su quiosco central, cuatro glorietas de sombra en cada una de las esquinas, catorce bandejas florales y ocho bandejones de arbustos y árboles. Todas estas obras construidas en madera, se remontan al origen del pueblo entre los años 1918 y 1919”.
Este lugar fue herido de muerte con la crisis del oro blanco que se agudizó en la década de los ‘30 del siglo XX. Finalmente, el lugar fue desploblado en 1938. Su entrañable glorieta central fue desmontada en 1977 y trasladada a Antofagasta, en donde hoy se conserva al interior del campus Coloso de la Universidad de Antofagasta (UA).
