- Agrupación Caminantes del Desierto visitó el centenario camposanto, registrando el nivel de saqueo y daño que presentan sus sepulcros y mausoleos.
Un ataúd lleva años a la intemperie, a pocos metros de la tumba que lo contuvo. Adentro quedan huesos… Pero falta el cráneo.
¿Es un caso aislado? Para nada. Es lo que se vive al recorrer el cementerio de Cobija, ubicado al costado poniente de la costera Ruta 1, a 59 kilómetros al sur del puerto de Tocopilla. Este es un espacio donde descansan al menos 500 cuerpos que allí fueron inhumados desde mediados del siglo XIX hasta inicios del XX.
Si bien Cobija en la actualidad aún funciona como caleta, al habitar allí unas pocas familias de pescadores, el cementerio cayó en desuso a inicios de los 1900, quedando su camposanto solo como un enclave del pasado regional.
No obstante, sus tumbas y mausoleos han sido objetos de la destrucción directa producto de la acción humana. Ataúdes sacados de sus fosas, tumbas profanadas y mausoleos completamente saqueados son la panorámica que hoy presenta este lugar, y que recientemente fue registrada por la corporación ecológica y cultural Caminantes del Desierto, que durante el fin de semana de fines de julio (2026) visitaron el lugar.

Destrucción
Desde la corporación manifestaron que “molesta, de sobremanera, aquello de tener que presenciar continuamente la destrucción y el evidente saqueo de tumbas en los antiguos cementerios de nuestro territorio. La consigna que sostiene dicha barbarie es ‘lo que no le sirve al muerto, que le sirva entonces al vivo’ y, aunque esta práctica ha ido declinando, tal vez porque los máximos cultores de dichas profanaciones han muerto, no faltan los amantes de lo ajeno que mantienen su tétrica tradición”.
Pero eso no es todo, pues advierten que ahora también existen quienes incluso se llevan los restos óseos. “Peor aún, la época actual pareciera haber engendrado una nueva especie de estos exhumadores, la de aquellos que se llevan los cráneos, dejando los restos virtualmente decapitados”, manifestaron.
Puerto boliviano
Cabe recordar que Cobija fue el principal puerto que Bolivia tuvo en el litoral cuando la zona estaba bajo su soberanía en el siglo XIX. Fundada en 1825, este fue el centro neurálgico de la administración altiplánica, y desde este lugar se enviaron a las autoridades que fundarían las comunas de Tocopilla en septiembre de 1843, y Antofagasta en octubre de 1868.
No obstante, tras la fundación de Antofagasta y el descubrimiento de Caracoles, el puerto de Cobija comenzó su decadencia, siendo su final tras el terremoto y maremoto de mayo de 1877. En 1879 las tropas chilenas entraron a Antofagasta y el litoral boliviano quedó bajo ocupación militar.

Profanaciones en Gatico
A 15 kilómetros al norte del cementerio de Cobija se encuentra el cementerio de Gatico, el cual si bien no presenta una destrucción tan avanzada como el de Cobija (debido en parte, a que algunos deudos aún asisten al lugar a dejar flores de hojalata), también ha sido víctima de profanaciones en la actualidad.
El último caso se registró en septiembre de 2021, cuando unas personas sacaron un ataúd de uno de los mausoleos. Por lo anterior, detectives de la Brigada Investigadora de Delitos contra el Medio Ambiente y Patrimonio Cultural realizaron las primeras diligencias con el objetivo de recopilar la mayor información posible con respecto a los daños que sufrió el cementerio. Los detectives concurrieron hasta esta zona, donde constataron lo ocurrido, pudiendo observar que una tumba había sido destruida y desde su interior sacaron el ataúd el que también fue demolido, dejando el cadáver expuesto sobre el suelo.
Cierre
Lo que se roban de Cobija es la última versión de una costumbre centenaria.
Esta región se cuenta en cuatro ciclos: el guano, la plata, el salitre y el cobre. Y siempre es la misma mecánica: se encuentra algo bajo la tierra, se construye una ciudad cerca, se extrae mientras es rentable y después se apaga la luz. Gatico es el caso de manual: nació en 1832 alrededor de la mina Toldo, llegó a tener más de siete mil habitantes y su suerte siempre estuvo ligada al precio del cobre. Hoy son ruinas al costado de la carretera, con un cementerio a pocos metros. Cobija vivió lo mismo décadas antes.
Por eso la consigna que cita Caminantes del Desierto («lo que no le sirve al muerto, que le sirva al vivo») describe, calcado, el modelo. En nuestra región, lo que hay bajo tierra se saca, se vende y no se repone. Se sacó guano, plata, salitre y se sigue extrayendo cobre. Y robando huesos.
Chile ocupó este litoral en 1879 y heredó a los muertos de un país vecino. El Decreto Supremo 75, de 1981, declaró Zona Típica el sector costero de Cobija. Claro, declarar salió gratis, pero cuidar el patrimonio no lo es.
Entre el decreto firmado en Santiago y la realidad de Cobija hay 1.500 kilómetros. Mil quinientos kilómetros sin un letrero en condiciones, sin rejas de protección y sin nadie cuidando. Al final, la diferencia entre el saqueador y el Estado es que el primero, al menos, va al lugar.
