De cementerio a cancha de béisbol: el pasado del Diamante de Tocopilla

  • Investigador analiza los restos que aún emergen del antiguo camposanto.

Dentro de las cualidades deportivas que ostenta el puerto salitrero de Tocopilla, está el ser una de las cunas del béisbol en Chile, actividad importada por la población norteamericana que comenzó a trabajar en la primera central termoeléctrica de la comuna, cuya operación partió en 1915.

Este pasado aún persiste impreso en el paisaje urbano, puesto que la segunda cancha deportiva más grande del puerto (después del estadio municipal Ascanio Cortés) es el Diamante de béisbol, la que en 2024 fue reinaugurada tras años de remodelación.

Pero cada vez que este lugar es intervenido para ejecutar alguna obra, su pasado literalmente aflora de la tierra con la aparición de ataúdes y osamentas, pues en ese espacio estuvo emplazado el primer cementerio que tuvo Tocopilla a mediados del siglo XIX, y que ya para la segunda década del siglo XX, fue trasladado hasta su actual ubicación.

TRASLADO DEL CAMPO SANTO

La página «Tocopilla y su Historia«, del investigador Damir Galaz-Mandakovic, explica sobre el traslado del viejo camposanto que «el diseño del actual cementerio fue proyectado en 1929 como parte del Plan de Ensanche impulsado tras la visita del urbanista austriaco Karl Brunner y su discípulo, el arquitecto Luis Muñoz Maluschka. Dicha visita, realizada en diciembre de 1929, fue ordenada por el entonces presidente de Chile, Carlos Ibáñez del Campo, con el propósito de aplicar la nueva Ley General de Construcciones y Urbanización promulgada el 30 de enero del mismo año. Esta legislación buscaba poner fin a la anarquía técnica y administrativa en la regulación de edificaciones particulares».

Es así que el viejo cementerio es trasladado hasta su actual ubicación, la cual hasta ese entonces, se encontraba completamente despoblada. «En ese contexto, el municipio de Tocopilla inició la ejecución de la iniciativa. Así, el 14 de febrero de 1931, la Dirección de Obras de la Municipalidad concluyó la construcción del cierre perimetral y de una portada para el nuevo cementerio. Además, se edificó un Pabellón de Estadísticas y una portería, según consta en el Acta Nº76 del 15 de febrero de 1931».

Cabe señalar que las sepulturas de la actual camposanto con fechas anteriores a 1931 corresponden a restos trasladados desde el antiguo cementerio donde hoy está el Diamante. Sin embargo, este proceso no se realizó con todas las tumbas, ya que el cementerio fue destruido por un aluvión ocurrido el 25 de julio de 1940.

Foto aérea de 1930. En el rectangulo rojo, el viejo cementerio (actual cancha El Diamante). En el azul, el actual cementerio municipal, perio a que la zona fuese urbanizada.

INVESTIGACIÓN

Aún quedan restos humanos en la actual cancha de béisbol. Es por eso que el arqueólogo Néstor Rojas Arias, doctor en antropología por la UCN-UTA e investigador del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad de Antofagasta, identificó 20 configuraciones de paisaje y ocho fenómenos que transformaron la historia de Tocopilla.

Uno de los principales escenarios de la investigación fue el sitio arqueológico que el propio Rojas denominó Diamante de Béisbol, también conocido como el Panteón, en Tocopilla. Allí, las excavaciones dirigidas por Rojas permitieron recuperar más de 14 mil piezas arqueológicas y documentar cerca de 54 contextos funerarios.

Durante el siglo XIX, el lugar fue utilizado como el primer cementerio de Tocopilla. Sin embargo, distintos acontecimientos modificaron su historia. El tsunami de 1877 cubrió parte del cementerio con arena y alteró los enterramientos, aunque la comunidad mantuvo sus vínculos con el lugar y posteriormente recuperó las prácticas funerarias.

La situación fue diferente después del aluvión de 1940, que provocó nuevos daños y dio paso a un prolongado proceso de abandono. Con el tiempo, el espacio comenzó a utilizarse para otras actividades y, en 1968, se inició la construcción de una cancha de béisbol sobre parte del antiguo cementerio.

Décadas después, tras el terremoto de 2007, la cancha albergó temporalmente a familias damnificadas, incorporando otra experiencia a la historia del lugar. “Para reconocer un paisaje no basta con encontrar los materiales, necesitamos también aproximarnos a los usos y los significados”, sostuvo Rojas. Estos antecedentes permiten comprender que la transformación física de un espacio no significa necesariamente la desaparición de su paisaje. La memoria, las prácticas sociales y las relaciones que las personas mantienen con un lugar también determinan su continuidad.

El arqueólogo sostiene que los paisajes no deben entenderse como escenarios permanentes sobre los cuales simplemente se acumula la historia.

Por el contrario, pueden emerger, persistir, transformarse o desaparecer, así como coexistir y traslaparse en un mismo espacio físico, dependiendo de las relaciones que las comunidades establecen con ellos.

El doctor Dante Angelo, académico de la Universidad de Tarapacá, destacó la importancia de esta investigación para comprender cómo se construyen y transforman los paisajes, incorporando también las relaciones de poder y las decisiones humanas. En sus comentarios, advirtió que la vulnerabilidad frente a fenómenos como los aluviones y tsunamis no depende únicamente de la fuerza de la naturaleza, sino también de las condiciones y acciones humanas que intervienen en la ocupación del territorio.

Por ende, pese al paso de los años, el Diamante de Tocopilla continúa manteniendo en lo profundo de sus hectáreas, los huesos del pasado de todo un puerto calichero.

Fotos del antiguo camposanto, actual Diamante de Béisbol de Tocopilla.