- Piedras de origen volcánico que se hallan ramificadas por la comuna han obligado a los vecinos, a lo largo de un siglo, a adaptar sus viviendas a esta complicada geografía.
En la intersección de las calles Sucre con Curicó, en el sector centro alto de Antofagasta, se encuentra una vivienda que convive con un grueso promontorio, el cual casi parece carcomer el inmueble.
No por nada, en el pasado en este lugar funcionó el emporio “La Roca”. Una fotografía de este mismo sitio en 1971 publicado en el Instagram “Identidad Antofagastina” (administrada por el hijo del fallecido Juan Antonio Marrodán, recopilador de postales de antaño de la ciudad) obtuvo la inmediata reacción de la comunidad.
En ese Instagram, quienes comentaban la foto recordaban que cuando sus padres iban a comprar a este lugar, ellos (siendo niños) se entretenían encaramándose sobre el peñasco, el que hasta hoy se mantiene en la mentada intersección.

Pero lo curioso es que este exemporio “La Roca” no es el único caso de una vivienda que tuvo que construirse en espacios rocosos. En Antofagasta hay otras decenas de ejemplos de construcciones en donde desierto y urbanización han tenido que convivir en armonía.
EJEMPLOS URBANOS
Según publicó La Estrella de Antofagasta, el caso más evidente se encuentra en la parroquia Nuestra Señora de Fátima de calle Eduardo Orchard. Construida en la cima de un gran peñón en la población La Favorecedora, este templo es perceptible desde varios sectores de Gran Vía y avenida Argentina producto de que fue erigida sobre una enorme roca en 1954.
Así mismo, en inmuebles en sectores como avenida Iquique e incluso en el centro, se encuentran estas rarezas.
La explicación de este tipo de construcciones en donde no se pudo demoler completamente la roca las entrega el arquitecto, urbanista y académico de la Universidad Católica del Norte (UCN), Claudio Galeno Ibaceta. “Los afloramientos rocosos son parte del paisaje antofagastino, la ciudad ha coexistido con ellos. Un mapa de 1880 registra una cresta de afloramientos que cruzaban varias manzanas y calles. Son rocas volcánicas andesitas de la ‘Formación La Negra’ de edad Jurásica”.
Por lo anterior, agrega que “esta especie de cadena rocosa empezaba en calle Prat, entre Balmaceda y Washington y terminaba por calle Latorre con Maipú. En la actualidad se puede apreciar de dos formas. La primera, por un peñasco que se sitúa en el estacionamiento del edificio Canaempu (esquina de Prat y Washington) y la segunda, por la loma que se forma en el cruce de calle Maipú (que sube) al cruzar con Latorre”.
El CASTILLO DE ABD EL KADER
Hasta 1950, un imponente castillo de estilo arábigo se erigía en la esquina de lo que hoy es Atacama con Bolívar. Se trataba de la torre del ingeniero italiano Luigi Abd El Kader, quien se radicó en Antofagasta y fue uno de los artífices en el diseño urbano del entonces sector sur de la ciudad (lo que hoy es avenida Brasil).
El Kader diseñó este edificio, el cual se levantaba sobre un peñón que aún existe en dicha intersección, no obstante, el inmueble fue demolido en la década del ‘50.
El arquitecto Claudio Galeno agrega que “un famoso palacete del ingeniero ítalo árabe Luis Abd-El-Kader estaba montado sobre un afloramiento rocoso. En La Favorecedora hay manzanas enteras que tiene zócalos de estas rocas, y la misma iglesia de Fátima está sobre una plataforma de rocas y al costado tiene una cruz y un paseo sobre un peñasco de afloramientos. La población Las Rocas, tiene varios de estos afloramientos”.
Levantar casas sobre macizos de andesita o tener que adaptar los cimientos a estos afloramientos de la era de los dinosaurios no fue un capricho del urbanismo de hace décadas, más que nada, fue quizás la única respuesta posible a una ciudad que tuvo que crecer casi a fuerza bruta entre la aridez de los cerros y el océano… Y es que en el norte, el paisaje no se domestica, se habita a la fuerza.
